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Curia General
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Viernes, 21 de Mayo de 2004 MENSAJE CAPITULAR "MERCED DE DIOS PARA EL NUEVO MILENIO" INTRODUCCIÓNUn tiempo de júbilo al volver al origenEn el año 786 de la fundación de la Orden de la Merced en Barcelona, nos reunimos para celebrar el primer Capítulo General del nuevo milenio. Esta ciudad nos evoca la presencia viva de San Pedro Nolasco, su espíritu que nos vivifica, y su “obra de misericordia”, basada en la visita y la liberación, que continúa vigente en un mundo como el nuestro, que presenta “nuevas formas de cautividad” (Com 16). Nuestro Capítulo ha sido un verdadero encuentro de hermanos, en representación de los mercedarios de Europa, América, África y Asia. En él se ha fortalecido nuestro mutuo conocimiento, en la convivencia diaria, y la vivencia de la Orden, base de nuestra fraternidad consagrada. Analizamos y revisamos nuestra situación presente, elegimos al nuevo Gobierno General, al que –por medio de las memorias de las Provincias y Vicarías y un amplio estudio sociológico- ofrecemos nuestra renovada esperanza cristiana y el fecundo realismo mercedario, revitalizados en el afán de seguir concretando y actualizando nuestro carisma redentor. En estos días de comunión fraterna y trabajo compartido hemos bebido en las fuentes primigenias de nuestra identidad mercedaria. La visita a los antiguos monasterios y paisajes de la Provincia originaria de Aragón ha refrescado nuestra memoria histórica, al evocar el escenario secular de las primeras redenciones, hace ya más de 800 años. Al acercarnos al manantial puro y transparente de Cristo Redentor, nuestra Madre, María de la Merced, y nuestro Padre San Pedro Nolasco, saciamos nuestra sed de autenticidad y hemos sentido nuestra unidad profunda, como herederos de una obra de misericordia, que ofreció, y sigue ofreciendo humildemente, a la Iglesia, una de las acciones más en consonancia con la liberación y la dignidad del ser humano, imagen viva de Dios, desfigurada por la opresión y cautividad. Os hacemos partícipes de este nuestro mensaje de candente actualidad, y nos reafirmamos y afianzamos en nuestro ser y quehacer mercedario con todos los miembros de la Orden. I. LA CONSAGRACIÓN MERCEDARIA El mercedario enviado por la Trinidad a través de María 1. El acontecimiento de la revelación del misterio trinitario es la clave de interpretación de nuestra comunidad religiosa, la Orden de la Merced, presente en la sociedad como un grupo de personas que viven en comunión fraterna y comparten un mismo carisma de liberación. 2. Nuestras comunidades pueden mostrar distintas facetas de actuación o manifestación pastoral, pero uno solo es el carisma y una sola es la espiritualidad que nos identifica y nos une. El misterio de la Santísima Trinidad fue el modelo de la consagración para el mercedario de ayer, como lo es para el de hoy, que ve en la vida fraterna comunitaria la mejor expresión de su vocación a la santidad. 3. Desde la visión teológica originaria, los mercedarios somos enviados por la Santísima Trinidad a través de María, Madre de la Merced, para encarnarnos en el pueblo cautivo, esclavo y oprimido, siguiendo el modelo del Santísimo Redentor que, al hacerse hombre, nos visitó y redimió: Toda su vida fue expresión de esta doble realidad. 4. El misterio de la Santísima Trinidad tiene en el amor su núcleo más profundo. A través del misterio trinitario, descubrimos que el amor es el garante de la vida comunitaria, que, en su diversidad de personas, tiende a la unidad. Este testimonio es auténtico y así lo proclama la Iglesia. El amor en la comunidad religiosa es imitación de la entrega que el Padre hace del Hijo, de la presencia del Espíritu Santo en medio de la comunidad eclesial, de la encarnación como la mayor manifestación de amor. "En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos" (1Jn 3,16). Ese dar la vida por los hermanos -culmen de la redención y de nuestro cuarto voto- hunde sus raíces en el amor. 5. Desde el modelo trinitario, y con la maternal mediación de María de la Merced, los mercedarios estamos dispuestos a dar la vida por amor a los cautivos, a imitación de Cristo. La entrega de la vida actualiza así, de algún modo, el icono trinitario de la misión redentora de Jesucristo: el Padre entrega al Hijo por amor, el Hijo se entrega a sí mismo, libre y amorosamente, cumpliendo la voluntad del Padre, y el Espíritu encuentra en el amor su plenitud. Del amor procede también la comunión fraterna, fuente de la vida diaria de nuestras comunidades, caracterizada por la convivencia de personas distintas, pero con “un solo corazón y una sola alma”. Así, finalmente, cada comunidad mercedaria, a semejanza de la comunión y acción trinitaria, tiene en el amor un reto y exigencia, que se ponen de manifiesto claramente en el proyecto comunitario. 6. Desde el trasfondo trinitario, los mercedarios, de la mano de María, por la profesión pública del cuarto voto y de los tres consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, seguimos a nuestro padre y fundador, San Pedro Nolasco, que hizo de su vida oblación plena y perfecta, a ejemplo del Santísimo Redentor.Radicalidad de nuestro peculiar Cuarto Voto 7. Estamos convencidos de que la misión liberadora, iluminada por el carisma de redención, pertenece a la naturaleza de nuestra Orden. Dicha misión hemos de llevarla a cabo, en favor de los cautivos de nuestro tiempo, con el ánimo alegremente dispuesto a dar la vida por ellos, si fuere necesario, “como Jesucristo la dio por nosotros”. En fuerza del amor supremo, los mercedarios emitimos el cuarto voto, “como una promesa voluntaria, consciente y absoluta, que inspira todos los actos de la obra redentora de la Orden” y da sentido y valor redentor a los mismos consejos evangélicos que profesamos. 8. San Pedro Nolasco y sus compañeros, por mejor imitar al Maestro y modelo y a la Madre de redentores y redimidos, se comprometieron, con solemne voto, a rescatar cristianos cautivos, poniendo en juego la propia vida. Liberaban así del peligro de perder la fe a quienes habían sido liberados, espiritual y radicalmente, del pecado y sus consecuencias por la pasión redentora de Cristo y la compasión corredentora de María. 9. El cuarto voto es el mayor compromiso de identidad y espiritualidad mercedaria. Nos impulsa a ponernos al servicio de las víctimas de las nuevas formas de cautividad, siguiendo la huella del humilde servidor de cautivos, San Pedro Nolasco. 10. Hoy más que nunca, la sociedad mundial sufre una escalofriante falta de verdadera libertad. Las dependencias son cada vez mayores, las manipulaciones se hacen a gran escala. Hay demasiadas situaciones de cautividad que interpelan a los mercedarios en su acción carismática, y les estimulan a discernir, en cada lugar y tiempo, la obra concreta que deberá actualizar y potenciar su acción liberadora. Nuestra castidad11. Nuestro voto de castidad se inspira en la forma de vida de Jesús y de María: Se mantiene con la gracia de Dios y lo vivimos como una entrega personal, humilde y confiada, a Cristo y al ministerio apostólico. Es don de Dios que elige y consagra; y, a la vez, respuesta personal a su amor supremo y fundante. 12. Desde el día de nuestra profesión religiosa, nos comprometemos a vivir en castidad. A semejanza de María, servidora del Señor y virgen fecunda, los mercedarios entregamos, como Pedro Nolasco, nuestra persona y nuestra vida al servicio de la obra redentora de Cristo. 13. La castidad mercedaria es una opción libre, desde la gracia divina, de consagrar nuestro ser, con sus valores profundos, a Dios y al servicio de quienes son víctimas de las nuevas formas de cautividad, disponibles a la entrega total, en función del cuarto voto. Nuestra pobreza 14. Jesús y María fueron absolutamente libres. En cumplimiento de nuestro cuarto voto, los mercedarios siguiendo los pasos de San Pedro Nolasco, ponemos nuestros bienes y nuestra vida a disposición de los cautivos, los consideramos como medio para nuestra misión redentora y procuramos ser administradores fieles que han de rendir cuenta de ellos a Dios y a la comunidad religiosa. El voto de pobreza nos invita a vivir de nuestro trabajo, a compartir necesidades y bienes, y a dar ejemplo de sobriedad, desprendimiento y libertad interior en su uso. 15. Para el mercedario la pobreza se entiende sobre todo a la luz de la redención. Se trata de poner el mayor número de bienes y de medios posibles al servicio del objetivo central de nuestra consagración. Los primeros mercedarios no rechazaban los bienes materiales; al contrario, organizaban campañas de recaudación de fondos, para poder invertir el mayor número de ingresos posibles en la redención de cautivos. Desde este punto de vista, las campañas redentoras actuales han de ser entendidas a la luz del proyecto de pobreza que, tanto a nivel individual como colectivo, hacemos los mercedarios y nuestras comunidades. Nuestra obediencia 16. Los mercedarios seguimos a Cristo que, anonadándose, tomó condición de siervo a fin de redimirnos. La obediencia es, por tanto, una respuesta de disponibilidad a un amor infinito, que en su plenitud funda la libertad. Esta obediencia la vivimos a semejanza de María, la servidora del Señor, que con su fiat aceptó en plenitud el plan redentor de Dios. Por eso nuestra obediencia tiene su base y su sentido en la escucha de la Palabra de Dios dentro de la Iglesia y en el seguimiento de Cristo para servicio de la humanidad. 17. Siguiendo los pasos de Pedro Nolasco ponemos nuestra vida en total disponibilidad al servicio de la obra redentora, en solidaridad con los hermanos y bajo la guía de los superiores. El modelo mercedario18. El mercedario ha de tener como referente obligado a Cristo en primer lugar, a María como seguidora suya y a Pedro Nolasco como reflejo del Redentor. Cristo Redentor 19. Cristo es el primer modelo a seguir, el prototipo ejemplar. Todo cristiano sigue su ejemplo a través del testimonio que de él nos han dado los evangelistas y ha llegado a nosotros por la tradición. Para nosotros, Cristo es la clave de interpretación del carisma redentor. 20. Los escritos del Nuevo Testamento presentan a Jesús como: a) el que, desde su encarnación, se hace liberación mesiánica (Lc 4, 18-19); b) el que, en su mensaje, anuncia la salvación a todo el género humano, que le descubre en el hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y falto de libertad (Mt 25,31-46); c) el que, a lo largo de su vida, opuesta a toda hipocresía y legalismo, en cercanía y ayuda real a los más humildes y discriminados, acepta someterse a las decisiones de las autoridades religiosas del templo y las civiles del gobierno de ocupación, y entrega su vida por amor con una muerte de cruz, “en rescate por todos” (Mc.10,45) 21. Los mercedarios vemos en Cristo al Redentor supremo, modelo asumido por Pedro Nolasco, nuestro padre y fundador, desde su primera redención: Seguimos su compromiso liberador, según las Constituciones actuales, que nos señalan que hoy existen “nuevas formas de cautividad. La redención es nuestro ideal cristológico por excelencia. Se redime en nombre de Cristo, como lo hicieron Nolasco y todos sus seguidores a lo largo de los tiempos. 22. Los mercedarios de hoy concretamos la obra de la liberación de Jesús asumiendo las necesidades extremas de nuestros pueblos, uniéndonos a sus esperanzas de liberación frente a las estructuras de opresión y violencia que degradan la dignidad humana. La praxis de Jesús fue liberadora: la Galilea de su tiempo experimentaba la opresión del sistema del templo de Jerusalén y la opresión del Imperio Romano, explicitando lo ya sugerido. Jesús denunció estos mecanismos de opresión, actuó con libertad frente a ellos y a favor de los pobres. Sus milagros son signos del poder de Dios que libera al pueblo del pecado, la enfermedad, la humillación, la alienación, la sumisión al legalismo, etc (Lc. 4,31-37; Lc 5 17-25; Mc 11, 15-18; Mc 2, 13-17). Finalmente, entregó su vida, para manifestar que el amor es más fuerte que la muerte, revelándonos así que Dios es amor. En este inicio del tercer milenio encarnamos el testimonio liberador de Jesús, por eso asumimos el proceso de liberación integral de todo el ser humano y de todos los seres humanos oprimidos. Nos hacemos solidarios suyos, animando, organizando y sosteniendo la defensa de los derechos fundamentales de personas y pueblos y el rescate de su dignidad humana degradada. María de la Merced 23. Para nosotros, María es la Merced de Dios, redentora de cautivos, que se dignó inspirar la fundación de nuestra Orden a San Pedro Nolasco. Por eso somos, por naturaleza y desde el primer momento existencial, una orden religiosa mariana. La Orden de la Merced es mariana porque María está presente en su espiritualidad desde la misma fundación. En la tradición oral originaria, recogida posteriormente por escrito, las tradiciones y leyendas marianas configuran nuestra historia y espiritualidad genuinas. 24. El mercedario de hoy es heredero de una de las tradiciones teológicas más antiguas que presenta a María, la Madre de Jesús, como la primera seguidora del itinerario redentor de su Hijo, lo que la convierte en corredentora. 25. El proyecto redentor de Nolasco aparece, desde los primeros momentos, ligado íntimamente a la intervención de María. Merced no es únicamente sinónimo de misericordia, es la Merced por excelencia de redimir cautivos. De esta actividad esencial de la Orden, María pasa a denominarse María de la Merced. Y los mercedarios la llamamos con ternura nuestra Madre. 26. María de la Merced es llamada también, según quedó señalado, Redentora de cautivos. Los mercedarios nos dirigimos a Ella con este título por su íntima unión a su Hijo Cristo redentor, con quien ha asumido y vivido el misterio de la Cruz. Y porque en su nombre se redimía, y los cautivos la invocaron con este título. 27. María de la Merced es, finalmente, María de la Misericordia. Otro título asociado a la Merced, que forma parte del itinerario espiritual de la Orden. Maria, a través de sus hijos, redime y libera a quienes sufren por falta de libertad y están realmente oprimidos. 28. Nuestra Orden tiene en María a su mediadora permanente, y está presente en todo momento en la vida del mercedario, que se dirige a ella con una particular devoción filial. 29. El carácter mariano de la Orden de la Merced sigue siendo una de las características más destacadas de la propia espiritualidad. Santa María de la Merced no sólo es objeto de veneración, ensalzada y aclamada como madre, sino que es tema de estudios, de análisis, de difusión y promoción. La Orden siempre ha estado iluminada por mariólogos mercedarios, teólogos y poetas que supieron exponer sus dones, recibidos por el Dios encarnado en su seno, y la ensalzaron con precisión teológica y palabra creadora, elevándola al lugar cimero de la vida de cada fraile, religiosa y laico. La Iglesia cuenta con este marianismo mercedario. 30. Los religiosos mercedarios y quienes son objeto de nuestra acción liberadora, vemos a María como Madre de los redentores y de los cautivos redimidos. Por eso todos nos dirigimos a ella con afecto filial, siguiendo la tradición secular. 31. Descubrimos en María un modelo de consagración a Dios y de entrega a los cautivos. Ella es garantía de liberación: a ella acuden todos los oprimidos, con la certeza de ser escuchados, y todos los redentores que, solidarios, se empeñan en hacer presente la liberación de Jesús en nuestro tiempo bajo su amparo materno (C 7; Mne 35). San Pedro Nolasco 32. A nuestro Padre fundador, San Pedro Nolasco, le rendimos una especial devoción por tratarse del inspirador, mediador y portador del eximio mensaje de liberación: “por su entrega a favor de los cautivos y su vida de servicio a la Orden que ha fundado, San Pedro Nolasco es para nosotros el signo más cercano del amor redentor de Jesús y el realizador más perfecto de la obra liberadora de María”(C 8). 33. San Pedro Nolasco logró pasar inadvertido, legándonos el compromiso de centrar toda nuestra atención, como él lo hizo, en los cautivos. Sus máximas aspiraciones fueron las de consagrarse a la redención y liberación de quienes se hallaban en las mazmorras, con peligro de perder su fe, desesperanzados y con un mínimo de posibilidades de vivir la caridad. La situación del cautivo era deplorable. 34. El espíritu y carisma de nuestro Padre han estado presentes, a lo largo de ochocientos años, en la vida y actividad de sus seguidores; y sigue estando vigente hoy día en nosotros. Actualizar -sin transformarla en lo esencial- nuestra identidad carismática es garantía de fidelidad a los orígenes, a un compromiso en favor de la liberación, según ”los signos de los tiempos”, de quienes sufren bajo la situación implacable de las nuevas formas de cautividad. 35. El talante redentor de Nolasco -en su delicadeza con los privados de libertad, y en su dedicación sin descanso a obra de de tan gran misericordia- ha sido, y sigue siendo, la razón de la existencia de nuestro ser y quehacer mercedario. 36. La continuidad de la Orden de la Merced, a lo largo de los siglos, es la garantía de que tras la mano del fundador está la de Dios, y de que se trata de una institución que ha encontrado en la Iglesia lugar privilegiado de acción. 37. Nolasco obtuvo el apoyo social que sólo podía haber tenido alguien que no mira únicamente para sí, sino preferentemente para los demás. Por la calidad de su carisma, tuvo el apoyo de las autoridades sociales y religiosas del momento. Palabra de Dios38. El Concilio Vaticano II nos sigue invitando a volver a los orígenes de la vida cristiana para reencontrar nuestra identidad religiosa. Partimos de la Sagrada Escritura, en la que el Padre sale amorosamente a nuestro encuentro, y así establecemos un verdadero diálogo con él, principio y fundamento de nuestra vida espiritual. En ella encontramos la motivación y la fuerza para vivir coherentemente nuestra consagración religiosa, personal y comunitaria. No deja de ser significativo el redescubrimiento de que la vida consagrada haya hecho de la lectio divina un aspecto importante de su espiritualidad. Es revelador que nuestra vida mercedaria integre hoy día este modo de meditar la Palabra comunitariamente. 39. Para el mercedario la Palabra de Dios ha de ser origen de constante inspiración al dirigir su mirada hacia los cautivos. La Palabra encarnada, a través de la figura de Jesucristo, nuestro Salvador, hace que su mensaje se convierta en anuncio de liberación. De esta forma el anuncio de Jesús es, para nosotros, el anticipo y programa de nuestra misión redentora. 40. Hemos de tener permanentemente dos libros de cabecera: El primero, la Sagrada Escritura, Palabra de inspiración y vida; el segundo, la Regla y Constituciones de la Orden de la Merced, fuentes de su identidad y consagración. Liturgia y oración41. Cultivamos el estudio de la liturgia sagrada, a fin de vivirla nosotros mismos y comunicarla a los fieles con la palabra y el ejemplo. La Eucaristía, fuente y cima de toda vida cristiana, es también signo eficaz de la unidad del pueblo de Dios, y por lo tanto de la familia mercedaria, vínculo de nuestra comunión fraterna. En ella ofrecemos la víctima divina y ofrendamos nuestra propia existencia. 42. La celebración de la Eucaristía es el centro espiritual de la jornada diaria del mercedario. La escucha de la Palabra, la paz, la fracción del pan y la comunión, elementos que determinan y orientan la vida del religioso y de la comunidad, ofrecen la presencia constante y permanente de Cristo. 43. La oración de la liturgia fortalece la consagración del religioso. El tiempo y espacio dedicado a la oración se convierten en alimento espiritual, encuentro con Dios y con los hermanos. Cuidamos el espíritu de oración comunitaria y personal, inspirada en la Sagrada Escritura y en las mejores fuentes de la espiritualidad cristiana y mercedaria. 44. La liturgia Penitencial, gracias a la Pascua de Jesús, perdona nuestras esclavitudes personales y, por medio de la Iglesia, nos libera y nos reinserta en el Pueblo de Dios. Es el sacramento de la Merced de Dios derramada en nosotros. 45. La oración en la vida de Jesús ocupa un lugar preeminente. La oración mercedaria viene a ser como una visión ampliada del misterio redentor de Cristo. En ella contemplamos su rostro sufriente en los nuevos cautivos: Le vemos padeciendo en aquellos que padecen; hambriento en los hambrientos, cautivo en los cautivos, torturado en aquellos que se encuentran torturados. 46. El mercedario descubre en la oración personal la presencia de los cautivos en las nuevas formas de cautividad. En su oración se dirige al Padre, en acción de gracias por la liberación obtenida, y en súplica por aquellos que siguen oprimidos. La oración por los cautivos es, desde los orígenes de la Orden, una preocupación presente y constante para el mercedario. Las acciones de liberación y defensa de la fe, que derivan de nuestro voto de redención se hacen patentes en los instantes de oración vivencial, personal y comunitaria.
48. La vida fraterna es el espacio teologal más propicio para sentir la presencia de Dios, descubrir su voluntad en nuestra vida y sentirnos interpelados para la misión. Nuestro propósito es crecer humanamente para que la madurez afectiva haga posible la experiencia religiosa más auténtica. Es un reto de nuestros tiempos la oferta de la fraternidad, en un mundo dividido, enfrentado y azotado por la indiferencia y la soledad de muchos, especialmente de los pobres. Estamos dispuestos a la corrección fraterna, realizada con toda delicadeza, valoramos el perdón como medicina que restaura la serenidad, y vemos a todos los religiosos como hijos de Dios y hermanos queridos, por encima de sus defectos y de sus caídas, por muy profundas que sean. Somos signos del perdón de Dios y queremos seguir siéndolo entre nuestros hermanos de comunidad y en el mundo que nos toca vivir. Apreciamos realmente nuestros proyectos comunitarios y capítulos locales, nuestras celebraciones compartidas y los momentos de fiesta, porque a través de ellos es posible crecer en afecto compartido. 49. Queremos que predominen entre nosotros las relaciones fraternas y que toda autoridad esté al servicio de la fraternidad y de la misión redentora. Nuestras tareas afectan a la comunidad y queremos llevarlas a cabo con espíritu de equipo y desde la autoridad animadora, que se convierte en servicio permanente hacia los hermanos. La autoridad es necesaria para animar el proyecto común, y queremos que sea cada día más conforme al espíritu de Evangelio. “El que quiera ser primero, que sea vuestro servidor” (Mc 9, 35) 50. Esta fraternidad tiene en nosotros un espíritu de universalidad, como la misma misión redentora. Por eso estamos dispuestos a superar las fronteras de nuestras comunidades, de los diversos países en donde estamos presentes, y de las mismas provincias, para lograr ese estilo católico de fraternidad que ennoblece y potencia la acción redentora. II. LA FORMACIÓN51. Los mercedarios somos conscientes del precioso legado que hemos recibido de nuestros antepasados para bien de la Iglesia y del mundo. Sabemos que no somos mercedarios para nosotros sino para los cautivos, y que esta oferta de libertad cristiana debe perpetuarse en la Iglesia como signo de lo más genuino del Evangelio y esperanza de toda la humanidad. El Evangelio es libertad y todos hemos sido llamados a la libertad. (Ga 5,13) Por eso nos preocupa la misión de saber transmitir a los jóvenes este carisma original y actuante en la Iglesia desde el inicio de la Orden. Si toda pastoral cristiana, para ser auténtica, tiene que promover las vocaciones, del mismo modo la pastoral y acción redentora carismática tienen que ser promotoras de las vocaciones consagradas para la Merced. Hemos de sentirnos obligados a cultivarlas, acogerlas y discernirlas. (C 129) 52. La solidaridad entre las diversas provincias de la Orden cobra especial relieve en momentos de incertidumbre vocacional como los que vivimos en zonas tradicionalmente abundantes en vocaciones. Se ha desplazado la geografía vocacional y nuestras provincias han de estar dispuestas también a desplazar su solidaridad en un mayor intercambio y disponibilidad, y a buscar fórmulas para acompañar, efectiva y afectivamente, las nuevas vocaciones en el mismo lugar en el que surjan. La auténtica promoción vocacional mercedaria surge en la experiencia de Dios y en la fraternidad. Desde el origen de la Orden, San Pedro Nolasco descubrió, como hombre de fe profunda, que no podía llevar adelante la obra redentora él solo. Por eso desde muy pronto se rodeó de amigos y colaboradores, en un auténtico espíritu de amistad y fraternidad, que dio origen a la Merced como familia, como fraternidad evangélica, en función de los cautivos y su libertad. Desde esta fraternidad, la obra redentora se hace consistente, ayer como hoy. Y la acogida de nuevos jóvenes supone entusiasmarles con la liberación en las nuevas formas de cautividad. 53. La invitación primera a vivir el espíritu de la Merced se basa en la capacidad de convivencia en fraternidad con los religiosos y en la participación posterior en el compromiso liberador. A esta primera etapa de acompañamiento se le llama postulantado. Un postulante es un joven de fe, ilusionado con Cristo y la Merced, impactado por el testimonio liberador de la Orden y prendado de ese estilo de vida fraterno, que nos hace libres para liberar. Nuestras comunidades se alegran de estar abiertas para compartir nuestro modo de vida y nuestro compromiso carismático en la Iglesia. Sólo así es posible contactar con los jóvenes, vivir cercanos a su realidad y dejarnos interpelar por ellos y por su generosidad. 54. Cuando el impacto vocacional quiere convertirse en camino, llega la etapa del noviciado. El novicio es ya un joven en camino, dispuesto a dar pasos mercedarios. Hace falta una cierta sensibilidad espiritual para sentirse interpelado por la cautividad y estar dispuesto, en un mundo muy seguro de sí mismo, a ofrecer la vida en gesto cercano y desprendido de libertad. El novicio se siente misteriosamente interpelado y convocado y quiere descubrir en la Merced, con su vida fraterna, una respuesta a ese interrogante que le quema por dentro como ascua de Dios encendida en su corazón. El novicio es un apasionado de Dios, que quiere responderle en medio de la humanidad cautiva. Saboreando la historia y espiritualidad de nuestra Orden, se inicia el seguimiento de Cristo Redentor al estilo de san Pedro Nolasco, y el descubrimiento de María, Madre de la Merced, como inspiradora de la obra de redención. Con la profesión religiosa su deseo de permanente fidelidad a Dios en nuestra Orden se hace realidad. 55. La efectividad de la respuesta vocacional mercedaria requiere la prueba del tiempo, del discernimiento y de la madurez. Los estudiantes profesos viven en nuestras comunidades, en constante proceso de formación, y experimentan progresivamente el gozo de su entrega perpetua. Mientras, se ofrece un tiempo para el discernimiento y la consolidación de la vida fraterna, el cultivo de la madurez afectiva, que consolida la correcta vivencia de los votos y la capacidad de entrega y compromiso, que supone estar dispuestos a vivenciar el servicio redentor que la Orden les encomendará. Perciben por la castidad que hacen un voto de profundo amor humano a toda la humanidad, sin exclusivismos; y, sobre todo, un amor redentor disponible para la libertad al servicio de la visita y liberación de los cautivos. Este voto, vivido como cauce de fecundidad, se convierte en generosidad de espíritu y sensibilidad redentora. Descubren por la pobreza que son privilegiados por poder vivir, sin agobios por lo material, experimentando que la mayor riqueza son los hermanos, los cautivos y su libertad. Entienden que la obediencia es aceptar la voluntad de Dios y el empeño por unir fuerzas en torno al proyecto mercedario querido y compartido por todos a favor de los cautivos. Comprenden, finalmente, que el cuarto voto supone seguir a Cristo, obediente al Padre, estando dispuestos a dar la vida para redimir a la humanidad cautiva. 56. El acompañamiento y formación de los jóvenes mercedarios es para la Orden una ineludible responsabilidad. Todos y cada uno de los religiosos somos responsables de este patrimonio que es el futuro de la Orden, el más valioso que tenemos; y hemos de procurar cada día una mejor formación humana y teológica, técnica y científica para nuestros jóvenes, así como la creación de instancias que hagan posible una mayor especialización e intercambio cultural entre nuestros religiosos. Las diversas realidades que vive la Orden, en sus distintas geografías y culturas, han de ser contempladas y estudiadas en profundidad. Así el mercedario disfrutará de una preparación adecuada y una capacidad suficiente para dialogar con la modernidad y redimir con eficacia. 57. Nuestra Orden, a lo largo de su historia, ha cultivado con ahínco la cultura, y su presencia se ha dejado notar en el ámbito de la universidad. Desde sus inicios, la Merced ha querido entablar un constante diálogo con la actualidad de su tiempo, convencida de que los más importantes foros de la vida son lugares privilegiados para la defensa de la libertad y la promoción de la dignidad humana. No desiste, actualmente, en su empeño de seguir vinculada al mundo de la cultura y ser presencia permanente -desde la Teología, las ciencias, las artes y los diversos medios de comunicación- de estar presentes en el mundo como fermento, luz y liberación. El evangelio liberador se arraiga hoy en estas mediaciones humanas, desde las cuales es más fácil dar razón de las virtudes teologales. Apostamos por ofrecer a nuestros religiosos jóvenes posibilidades de formación, más allá de la Teología, convencidos de que la inversión en la formación de nuestros hermanos es una verdadera inversión mirando a la futura acción liberadora en nombre de la Orden. 58. La formación permanente es otro de los retos que no queremos descuidar en nuestro deseo de seguir avanzando en fidelidad y eficacia redentora. Somos conscientes de que sólo una adecuada formación, sólida y actualizada, puede acompañar los necesarios esfuerzos de renovación que toda institución tiene que llevar a cabo en todos los momentos de su historia. Sabemos, además, que “la formación permanente es una exigencia intrínseca de la consagración religiosa” (Vc 56). Todos los religiosos somos proyectos abiertos, dinámicos y creativos, en camino hacia una madurez humana y religiosa que nos haga descubrir el gozo de ser hijos de Dios y amados profundamente por Él. Cerrarnos a este crecimiento personal, que ofrece la formación permanente, supone negarnos a reconocer los talentos que hemos recibido y enterrarlos en un gesto egoísta que nos impide ser donación gratuita para nuestros hermanos. Se hace, pues, necesario diseñar un proceso de formación permanente, que todos los religiosos asumamos con gozo, y nos haga descubrir todo lo bueno que podemos aportar al servicio de la redención y, ante todo, a nuestra perseverancia y santificación. 59. La teología mercedaria nos sitúa ante la figura de la Virgen María como Madre de redentores y cautivos. Ella se convierte en modelo de los redentores por su disponibilidad total en la obra redentora de su Hijo y su consagración por entero al Dios liberador que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1, 52) Contemplándola a Ella queremos realizar la verdadera formación, aquella que templa el espíritu y fortalece el cuerpo para ser consagrados de Cristo Redentor a favor de los cristianos cautivos. María nos conduce a Cristo, y nos dice: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). Con Cristo, descubrimos un mundo cautivo que clama al cielo, y en Cristo descubrimos nuestra propia vocación, que es la suya: “me ha ungido para llevar la Buena Nueva a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos...” (Lc 4, 18) El reto de la formación es la oportunidad que descubrimos para sentir con la Iglesia, amar a la Iglesia, y trabajar en ella al servicio del Reino de Dios, manifestado en Jesús de Nazaret. AGENTES DE MERCED 60. A lo largo de la historia, nuestra familia mercedaria ha cultivado una conciencia común liberadora. El Concilio Vaticano II, y los “signos de los tiempos”, están alentando un creciente acercamiento entre las diversas ramas de la Orden e Institutos mercedarios, que contemplamos como una gracia y obra del Espíritu. Vita Consecrata, en los últimos tiempos, vuelve a insistir en esta necesidad de unión entre carismas comunes y con un espíritu intercongregacional, que la iglesia necesita para ser testimonio de la unidad que el Señor Jesús desea. La Merced es un carisma liberador, y una espiritualidad compartida en una familia que quiere sentirse liberadora, inspirada en la Merced de María. Hay algunas ramas que proceden de aquel tronco común originario de San Pedro Nolasco. Existen también congregaciones mercedarias, vinculadas a la Orden, que han surgido, animadas por la labor carismática de diversos fundadores y fundadoras, y que se unen al carisma liberador y a la espiritualidad mercedaria como señal de identidad propia. 61. Asumimos el compromiso de responder a la invitación maternal de la Iglesia que nos urge a la unidad. Es el gran deseo de Jesús para su Iglesia: “Padre, que sean uno para que el mundo crea” (Jn 17,21). Y ha de ser el deseo de cada uno de nosotros, mercedarios y mercedarias, para nuestra pequeña iglesia doméstica, que es la Orden de la Merced. Es el mismo deseo de la Iglesia, en Vita Consecrata, 52, que anhelamos hacer nuestro: “permaneciendo siempre fieles a su propio carisma, pero teniendo presente la amistad espiritual que frecuentemente ha unido en la tierra diversos fundadores y fundadoras, estas personas están llamadas a manifestar una fraternidad ejemplar, que sirva de estímulo a los otros componentes eclesiales en el compromiso cotidiano de dar testimonio del Evangelio”. 62. Están surgiendo, en los últimos tiempos, iniciativas de comunión y de acción liberadora compartidas, que nos hacen soñar con una familia mercedaria más unida y más corresponsable en la acción liberadora. Se multiplican los encuentros de familia y crece el deseo de conocernos más y colaborar en las iniciativas redentoras. ¿Por qué no soñar con nuevas estructuras mercedarias, que rompan las distancias jurídicas y afectivas y nos encaminen al horizonte de una familia más unida y más coordinada en la acción redentora compartida? Nadie nos puede arrebatar este deseo que es, a la vez, afectivo y está convirtiéndose en efectivo. Soñemos juntos, mercedarios y mercedarias, por una familia más unida y más significativa en el seno de la Iglesia. Estamos, ciertamente, en tiempos de globalización, de alianzas, de unidad, para hacer frente a los retos que se plantean en esta aldea global que es hoy el mundo. Nuestras respuestas mercedarias no pueden quedarse en pequeños gestos aislados, tienen que adoptar, cada día con mayor intensidad, estrategias comunes de familia que nos hagan más fuertes y más referenciales, sin perder nada de la propia identidad. Queremos, pues, insistir en la necesidad de caminar más unidos quienes compartimos un mismo carisma liberador. Entre los diversos institutos mercedarios masculinos y femeninos,y junto con los laicos, ha de crecer un deseo cada vez más intenso de cooperación que dé frutos de unidad en la diversidad. 63. En este deseo creciente de ser familia, de crecer unidos, tienen un protagonismo especial los laicos. Ellos han sido siempre colaboradores entusiastas de la tarea redentora y firmes impulsores de nuestra espiritualidad. Nuestro Padre San Pedro Nolasco fue un laico. Nuestra historia en sus comienzos fue una aventura laical, organizada jerárquicamente, como animadora de las comunidades liberadoras. La necesidad de contar con los laicos o seglares actuales, de sentirlos familia nuestra, de trabajar en corresponsabilidad en esta tarea redentora, no es para nosotros sólo una exigencia de los tiempos modernos, es una necesidad que afecta a nuestra identidad y hace coherente nuestra historia. Volver a nuestras raíces supone necesariamente valorar la aportación de los laicos y situar en su justo lugar la condición clerical de los religiosos, para que no oculte esta riqueza inmensa que aportan los laicos a la vocación, al carisma y a la tarea de la Orden. Lo clerical no puede erigirse en exclusividad si no queremos perder esas dimensiones laicales tan importantes en nuestra identidad como familia mercedaria. 64. La rama femenina de la Merced pertenece, asimismo, al origen más remoto de la Orden. María de Cervellón es el prototipo de la mujer consagrada y mercedaria, que aporta a la Orden la santidad y el buen hacer redentor. Esta dimensión femenina de la Familia mercedaria es una de las más ricas aportaciones a la Orden, ya en sus primeros tiempos. Las mercedarias, en sus distintas congregaciones e institutos, forman parte esencial de nuestro ser y de nuestro quehacer. Por eso, en este deseo de crecer como familia, queremos caminar conjuntamente, compartir nuestra común vocación redentora, e ir descubriendo todo lo que nos une como familia religiosa y dejando a un lado lo que nos separa. Asumimos, pues, nuestro compromiso, de acercarnos más, de conocernos más, de compartir más, y de trabajar más estrechamente unidos a las hermanas mercedarias en la redención de los nuevos cautivos, abriendo caminos redentores en circunstancias difíciles para la Iglesia y para el mundo, desde el carisma común que nos hermana y nos convoca a la libertad. III. LA MISIÓN Y LOS DIVERSOS MINISTERIOS65. Tenemos como propia y original la misión redentora que nos ha encomendado la Iglesia al participar en la misión de Cristo: esta misión la realizamos en comunión con ella y por su mandato. Reafirmamos las palabras del proemio de las más antiguas Constituciones, que nos ha encaminado siempre a trabajar de «buen corazón y de buena voluntad y con toda obra buena en visitar y librar a los cristianos que están en cautividad y en poder de los sarracenos o de otros enemigos de nuestra Ley, según la buena determinación y buena voluntad del maestre de esta Orden» (Ca 1272, Proemio). 66. Los Padres antiguos vieron a Dios Padre preocupado por una humanidad cautiva del pecado. Este pecado impedía el encuentro y la relación con Dios, por lo que a toda costa era necesario abrir a la humanidad el camino hacia la libertad. No quiso Dios Padre poner remedios parciales, sino que utilizó el máximo posible: envío a su Hijo para que fuera «salvador y redentor». El Hijo de Dios, enviado por el Padre, nos trajo a los hombres lo que para los mercedarios primeros era el máximo don de Dios: la libertad, resumen de todos los bienes del Reino, camino hacia el encuentro y la relación con Dios. Jesús cumplida la redención, envía a la Iglesia a continuar la tarea de anunciar la libertad a los cautivos" (Lc 4,18). En esta tarea somos acompañados por María, mujer en quien la Trinidad Santa llenó de dones para hacerla digna Madre del Redentor, en su seno hecho Hombre, “en todo semejante a nosotros”. Ella proclama que Dios mismo puede «derribar a los potentados de sus tronos y exaltar a los humildes» (Lc 1,52). Por eso la llamamos justamente «Redentora de cautivos». 67. La Iglesia, reconociendo la tarea que le ha sido encomendada, envía a su vez a la Orden de la Merced «a que trabaje de buen corazón y de buena voluntad y con toda obra buena en visitar y librar a los cristianos que están en cautividad....» (Ca 1272 Proemio) Nos sentimos, pues, portadores, agentes y promotores de libertad, enviados para anunciar y procurar la libertad a todos los hombres. "Enviados", como lo fue Fray Pedro Nolasco, como lo ha sido siempre la Orden de la Merced. «Para anunciar la libertad»: resumen de todos los bienes del Reino, fruto de la verdad que nos hace libres y que solo nos puede dar Jesús «Camino Verdad y Vida» (Jn 14, 6) Misión redentora 68. Acogemos la palabra del Santo Padre, que en los últimos documentos nos invita a una actitud de constante renovación, la cual requiere creatividad para asumir los desafíos de la misión evangelizadora. Ella supone enfrentar los retos de la hora actual ante los cuales los mercedarios no podemos permanecer insensibles. Nos sentimos llamados a estudiar las etapas del camino de la caridad; queremos vivir en fidelidad nuestro carisma fundacional y dejarnos conducir por el patrimonio espiritual de nuestra familia. Por lo tanto, acogemos la llamada que se nos hace a «buscar la competencia en el propio trabajo y a cultivar una fidelidad dinámica a la propia misión, adaptando sus formas, cuando es necesario, a las nuevas situaciones y a las nuevas necesidades, en plena docilidad a la inspiración divina y al discernimiento eclesial» (Vc 37). 69. Reunidos en Capítulo General, reafirmamos que la misión liberadora pertenece a la naturaleza de la Orden. Por ello queremos continuar la misión redentora en el marco eclesial y social de nuestro tiempo; procuramos actualizar la tradición redentora para salvar a los cristianos que se encuentran en extremo peligro de perder su fe, en las nuevas formas de la cautividad. Deseamos poner de relieve la diferencia que existe entre el espíritu redentor y la obra redentora: mientras ésta es mudable, aquél es permanente y vivificador. Reconocemos en esto el germen de vida y principio vivificante de nuestro carisma. Estamos convencidos de que esta «intuición mercedaria» ha permitido que nuestra Orden ejerza siempre una función específica y ofrezca un objeto concreto al cuarto voto. Creemos, finalmente, que la cautividad, dimanante de principios y sistemas opuestos al Evangelio, se puede encontrar de hecho en todos los países donde la Orden ejerce actualmente su ministerio ( Cór 1978). 70. Movidos por esta intuición mercedaria queremos conocer y profundizar el carisma que nos ha entregado la Iglesia por medio de San Pedro Nolasco y deseamos esforzarnos por adaptar, reinterpretar y actualizar con fidelidad nuestro carisma y compromiso redentor en el contexto de la Nueva Evangelización (Mne 52). El espíritu liberador en los ministerios 71. Esta asamblea capitular tiene en gran aprecio los esfuerzos que se han realizado para el desarrollo de una caridad sin límites, uniéndose así a tantos religiosos que han vivido la página programática del Evangelio: «He tenido hambre y me han dado de comer...» (Mt 25,35). Iluminados por esta Palabra, llenos de iniciativa e intentando vivir el propio carisma en el mundo de la pobreza y marginación, intentamos ocuparnos de aquello que el mundo descuida, respondiendo generosamente, con nuestras actividades apostólicas en aquellos lugares mas abandonados (Vc 63). Han ido surgiendo así respuestas de realización con nuevos proyectos de evangelización que responden a la necesidad de promoción humana, de la cual ésta está profundamente unida. Invitamos a continuar realizando estas pastorales, profundamente unidas al servicio que la Orden está llamada a realizar por su riqueza carismática. Es imposible separar el anuncio del Evangelio del gesto de ayuda concreta a los necesitados, a través de la asistencia, la promoción y los cambios estructurales. La Orden asume tareas apostólicas en las que se encarnan ciertos aspectos del carisma con espíritu liberador. 72. La Iglesia enviada a anunciar el Evangelio es consciente de que la educación es un elemento esencial de su misión (Vc 96) Y en este ámbito las personas consagradas tienen una tarea específica, pues están llamadas a introducir en el horizonte educativo el testimonio radical de los bienes del Reino (Vc 96). El servicio que la Orden realiza en el campo educacional lo valoramos como particularmente eficaz, en cuanto que nos ofrece la oportunidad de educar en la libertad y para la libertad. Este ámbito pastoral posibilita ofrecer un servicio a los marginados de una educación digna del ser humano, y por otra parte, ofrece posibilidades de preparación de los agentes de libertad, cuando se parte de ofertas organizadas desde el carisma. La Orden valora los esfuerzos que se realizan en las diferentes comunidades provinciales para hacer de nuestros colegios una instancia pastoral que permite la formación de cristianos comprometidos con el Evangelio, con la Iglesia y con la Obra Redentora. 73. Reconocemos que “es necesario ofrecer un proyecto de educación liberadora” (Mne 51) En él debe aparecer la educación a los marginados, la educación humanizadora, la educación explícitamente cristiana, la educación de redentores. Esta asamblea capitular, consciente de que una de las mayores pobrezas es la incultura y que ésta hace al hombre esclavo y lo convierte en presa fácil de la opresión y explotación, se siente convencida del valor liberador y redentor de la educación cristiana, y pide que la actividad en los colegios mercedarios sea educación liberadora y supere los programas que la obstaculizan. 74. La parroquia, comunión de comunidades, expresión visible de la Iglesia, nos ayuda a sensibilizar a la misma Iglesia y a la sociedad acerca de nuestro carisma de redención. Es un ámbito que nos ofrece la oportunidad de realizar la nueva evangelización y responder con eficacia a las opresiones que surgen en la sociedad; y nos pone en contacto con el multifacético mundo de la marginación. Sirviendo a la parroquia, los mercedarios, no podemos pasar de largo frente a las situaciones de cautividad, debemos procurar conocerlas de un modo experiencial, comprometidos; la Parroquia nos ofrece ciertas posibilidades de una respuesta eficaz, sobre todo cuando se encuentran en lugares de marginación. Además, la parroquia desarrolla su trabajo en comunión con la Iglesia local, asumiendo la programación pastoral diocesana y ofreciendo a los laicos la oportunidad de vivir la vocación mercedaria en su propia dimensión. En consecuencia, podemos y debemos ofrecer a los fieles el camino de santidad mercedario como una vocación de servicio liberador. Recordemos también que el mismo San Pedro Nolasco aceptó una parroquia, la de Santa María del Puig, a pesar del muy escaso número de clérigos. Misión “ad gentes” 75. Todo el pueblo de Dios esta llamado a anunciar el evangelio a todos los pueblos y culturas. Para nosotros anunciar a Jesucristo es anunciar al Redentor, Verdad y Vida. Se ofrece así la verdad, que nos hace libres; y la vida en su dignidad, de la que carecen quienes yacen en las tinieblas del error, con peligro de perder su fe. Entendemos que todas las formas de la actividad misionera están marcadas por la conciencia de promover la libertad del hombre, anunciándole a Jesucristo. Como consagrados, asumimos el desafío de la misión ad gentes por cuanto <<la misión está escrita en el corazón mismo de cada forma de vida consagrada» (Vc 25). 76. La misión ad gentes es una preocupación emergente en la Orden, con base en prolongadas experiencias del pasado; y, dadas las llamadas constantes de la Iglesia en los últimos tiempos, cada vez se dan pasos nuevos y más avanzados. Acogemos, nuevamente, el deseo sincero de impulsar la acción evangelizadora y recordamos que la misión ad gentes en regiones deprimidas, son obras redentoras concretas actuales de nuestras provincias, vicarias y delegaciones: En ellas se actúa y se ejercita, desde ciertas actividades, aspectos vivos de nuestro carisma redentor. 77. La Orden de la Merced dispone de experiencias seculares para decidirse en la actualidad a reemprender, con nuevo impulso, la tarea misionera. No en vano, desde sus inicios, “fue presurosa” (Lc 1,39), como María en su Visitación, al sur de África, para ayudar, visitando y liberando, e incluso quedándose en rehenes en multitud de ocasiones. Y, desde finales del siglo XV, sucesivos religiosos mercedarios surcaron el gran mar para colaborar en la evangelización de todo un continente desconocido, América, lejos de su Patria y comunidad. Porque allí evangelizó, hoy siente el gozo fraterno de seguir arraigada, con provincias y vicarías. 78. Valoramos la colaboración de los laicos y Fraternidades Laicales Mercedarias en nuestros trabajos pastorales; y deseamos se siga intensificando su compromiso para hacer más eficaz la Misión Redentora de la Orden. IV. ESTRUCTURAS DE ANIMACIÓN AL SERVICIO DE LA FRATERNIDAD Y DE LA MISIÓN A nivel general 79. Los mercedarios queremos vivir nuestra pertenencia a la familia religiosa como una manifestación palpable de la comunión que funda la Iglesia y queremos ser profecía de unidad a la que tiene como su última meta (Vfc 10). Nos sabemos llamados a ser en la Iglesia y en la sociedad signos de comunión; nuestro servicio al cautivo lo hacemos en nombre de la Iglesia. El Capítulo General es lugar de encuentro y signo de unidad de todas las provincias. Además de ser una instancia representativa, quiere ser un estímulo animador en acción coordinadora de los múltiples esfuerzos redentores que la Orden realiza allí donde está presente. 80. El Gobierno General favorece la espiritualidad de la comunión, y nos anima a trabajar con renovado vigor en la calidad de nuestra vida consagrada y el servicio redentor. El Gobierno General es el primer responsable de este espíritu de comunión que deseamos reine en nuestra comunidad. Este espíritu debe informar todo el ejercicio de la autoridad y el servicio de animación de la vida consagrada. 81. Deseamos un Gobierno General que refleje con mayor intensidad el conjunto de la vida de las Provincias y favorezca así el desarrollo de las distintas áreas de la vida de la Orden. Procuramos una mayor participación y comunión entre los distintos responsables a nivel general y provincial lo cual ayudará a una mayor calidad de la vida consagrada mercedaria. Hemos constatado con agrado que el 91 % de religiosos ha coincidido con el informe del DIS en que “el Gobierno General, además de su función representativa de la Orden, debe potenciar su función de animación dentro de la propia Orden para promover acciones apostólicas específicamente mercedarias, propias del carisma de la orden de la Merced”. 82. Queremos progresar en nuestra común riqueza espiritual, para que cada uno de nosotros pueda sentirse íntimamente representado en el conjunto de la Orden. Pensamos que es importante valorar las diversas iniciativas que se realizan a nivel general y vemos en ellas una oportunidad para profundizar en nuestra pertenencia a la Merced, como miembros activos de esta gran familia religiosa. 83. Por este deseo de comunión y por la aspiración de ser fieles a nuestro carisma, los mercedarios valoramos significativamente las Campañas que se realizan a nivel de Orden. Vemos en ellas un signo concreto del servicio redentor, como los primeros hermanos, ponemos todo nuestro empeño en favorecer estas Campañas, por cuanto en ellas reconocemos una respuesta concreta y eficaz a la cautividad de hoy. 84. La situación actual de la vida consagrada en el plano vocacional nos obliga a potenciar la animación general. Si deseamos expandir la Orden en nuevos lugares que reclaman nuestra presencia, que en los últimos siglos ha venido realizándose a través de las Provincias, hoy es la cooperación interprovincial la que mejor expresaría la unidad de nuestro carisma fundacional y la posibilidad concreta de realizarla. En este ámbito el Gobierno General está llamado a asumir la coordinación y animación de este empeño. A nivel provincial 85. Nuestras provincias gozan de una valiosa autonomía que ha permitido un despliegue variado y generoso a lo largo de la historia. La rica variedad y diversidad de personalidades de cada provincia es un valioso tesoro que tenemos que conservar. Somos, con todo, conscientes de que la autonomía no puede convertirse en motivo de lejanía o indiferencia sino que debe alimentarse de la necesaria preocupación e interés por los hermanos de otras provincias, por sus éxitos y sus fracasos, de forma que preservemos esa sensación de familia universal. Las distintas provincias formamos un variado mosaico, cada una aportando su propio color y forma, en una sola obra de arte redentora, que es la Orden. Muchas iniciativas dirigidas en la misma dirección que quieren sentirse unidas en el mismo espíritu, convocadas a la misma tarea y dispuestas para que la Orden sea cada vez más obra de Dios en favor de los cautivos. 86. La provincia es la estructura donde se asienta la vida de la Orden, por esta razón deseamos que las comunidades locales continúen valorando su pertenencia a la provincia de la cual forman parte. Vemos en la comunidad provincial un signo concreto de la comunión que estamos llamados a vivir. 87. La comunidad provincial favorece una adecuada animación en el ejercicio de la autoridad y pone todo sus esfuerzos en dinamizar la comunión al interior de la provincia y con el conjunto de la Orden. 88. Cada provincia asume, como una imperiosa necesidad, la realización y desarrollo de la misión redentora de la Orden en acciones concretas y bien definidas, que faciliten la vivencia de la propia identidad de los religiosos que la componen. 89. En fidelidad creativa, procuramos revisar nuestras presencias y favorecer una más diáfana visibilidad del carisma mercedario. Somos conscientes de que la actual hora de la vida consagrada nos exige recuperar nuestra originalidad y hacer posible así la vivencia de los valores esenciales del seguimiento de Jesús. Para cumplir con esta exigencia, deberemos reestructurar, si es necesario, nuestras presencias, para responder a las nuevas situaciones de cautividad que constantemente surgen a nuestro alrededor. Desde el Concilio Vaticano II, la Orden viene desarrollando una más clara reflexión y expresión del carisma de San Pedro Nolasco. Momentos claves de este proceso son las reuniones del Consejo de Provinciales en Lima (1976) y Córdoba (1978), los Capítulos de 1980, 1983, 1992 y 1998, donde encontramos la descripción de nuestras obras carismáticas mas afines al carisma redentor y el deseo de reencontrarnos en una obra común a nivel de Orden. Fuimos haciendo camino que nos facilita este proceso de reestructuración. 90. Los significativos avances de la comunicación favorecen la vivencia de la comunión: Nos empeñamos en poner estos medios al servicio de la fraternidad y de la coordinación de la misión que realizamos. Igualmente valoramos los esfuerzos que las provincias hacen con la realización de asambleas, encuentros zonales, jornadas de formación. Nos comprometemos a potenciarlos como el espacio que favorece la vivencia del encuentro y del dialogo comunitario. A nivel vicarial91. Compartimos la propuesta que han presentado al Capítulo General las vicarías de Brasil y de USA, en su ardiente deseo de dar el paso a provincias. Su realidad vocacional creciente es la mejor garantía de futuro, y nos congratulamos con ellas, uniéndonos a su afán tan razonable y con claras perspectivas de futuro. (El Capítulo ha aprobado esta iniciativa y ha sugerido al Gobierno General que, durante este mandato, ayude a ambas vicarías a seguir avanzando para que se pueda llevar a cabo su propio anhelo). Animamos a las demás vicarías para que trabajen, con renovado ardor, en el campo vocacional, base indispensable para su plena realización.A nivel de delegaciones92. Como Capítulo General, hemos mirado con especial gozo el surgir de nuevas realidades que, por estar lejanas de las provincias, están conformando nuevas presencias y necesitan una especial estructura jurídica de animación. Por eso se crearon las delegaciones. Esperamos que esta nueva estructura se acreciente, fortaleciendo así el crecimiento diferencial de la Orden.A nivel local193. La comunidad local es el encuentro primero de la fraternidad: en ella cultivamos el ejercicio del diálogo con Dios y con los hermanos. Es importante cuidar el número de religiosos que componen cada comunidad para vivir, lo mejor posible, las exigencias de la vida religiosa. 94. La comunidad es el lugar propio de la comunión en nuestro estilo de vida. Esta comunión la ofrecemos también a los laicos que se sienten llamados a compartir nuestra riqueza espiritual. Por eso, intentamos abrirles nuestra fraternidad , para que compartan nuestro carisma desde su propia condición, al tiempo que cuidamos la necesaria intimidad de una fraternidad que es hogar y familia. 95. La comunidad es también el taller donde, en comunión con los hermanos, compartimos nuestra espiritualidad, cuidando los momentos de encuentro con el Señor, sobre todo en el cultivo del trato íntimo con Él, en la recitación en común de la Liturgia de las Horas: santificamos la jornada uniéndonos a la sinfonía que la Iglesia, en nombre de la humanidad, rinde a su Señor. La riqueza de nuestra experiencia de Dios procuramos ofrecerla a los laicos, a quienes acompañamos en su propio camino de santidad. Comunión de bienes96. Mirando a la comunidad primitiva e inspirándonos en los principios de la Regla, los mercedarios valoramos la puesta en común de los bienes. La espiritualidad de comunión debe también expresarse en este aspecto vital de la vivencia de nuestro carisma; procuramos servir más eficazmente a la misión carismática. Para ello favorecemos la puesta en común de los bienes a nivel general, provincial y local. 97. Valoramos la centralización que se realiza a nivel provincial e invitamos a las comunidades a poner los bienes al servicio de la fraternidad y de la misión. Procuramos que uniendo las fuerzas, el Gobierno General en comunión con las provincias, busquen caminos que faciliten la comunión de experiencias y la realización de proyectos comunes que ayuden a una más eficaz visibilidad. Como signo de este espíritu, el Capítulo General ha acordado que cada provincia aporte el 1 % para el fondo de redención. EPÍLOGODesde Barcelona, origen y manantial de la Orden -donde Pedro Nolasco dio paso a sus más reales ilusiones carismáticas, por ser coherente en su fe y caridad- los religiosos capitulares queremos contagiaros nuestra íntima alegría de ser y sentirnos mercedarios y la viva esperanza del futuro de la Orden. Este rico caudal de Merced ha de llegar por las acequias de nuestro testimonio a cada uno de los cautivos, que son nuestra razón de ser. Finalizamos el Capítulo General con un mensaje fraterno y lleno de esperanza renovada. Un mensaje que quiere animaros a vosotros, hermanos mercedarios, a seguir manteniendo el testimonio de fidelidad y perseverancia. Es posible nacer de nuevo del agua y del Espíritu al gozo de la Merced, y renovar y actualizar aquel sí ilusionado del primer día en el trabajo carismático al servicio preciso de los nuevos cautivos. Un mensaje que quiere ser palabra de ánimo para vosotros, jóvenes postulantes, novicios y estudiantes profesos. Sois, queridos jóvenes, nuestra esperanza más viva: Os espera, en breve plazo, la Orden y los nuevos cautivos. No desmayéis a la hora de ser ilusión y Merced. Cristo es quien os convoca a la tarea redentora. ¿Cómo podríamos olvidarnos de vosotros, hermanos Mercedarios Descalzos, que estáis prolongando vuestra celebración festiva de los 400 años del nacimiento, como inicial Recolección mercedaria, nacidos a los pies de Nuestra Señora de los Remedios, venerada imagen del convento provincialicio de Castilla –en la actual plaza de Tirso de Molina- en 1603, casa, a la vez, donde residía el Maestro General de la Merced? Nuestra felicitación más sincera, desde esta cuna de la Orden, Barcelona, y el deseo de que sigáis reflexionando para encarnar en vuestra espiritualidad alguna obra carismática en el espíritu que nos unifica. Un mensaje que quiere expresar nuestra profunda unidad de afecto y de misión a vosotras, hermanas mercedarias, en la diversidad de acciones que os definen, porque vuestra aportación carismática a nuestra familia es verdaderamente preciosa. Un mensaje que quiere llegar a vosotros, laicos y laicas, para que, juntos, seamos Merced desde el compromiso inestimable de vuestra vida e ilusión mercedaria, como en los primeros momentos de la Orden. Con María, Nuestra Madre, a sus pies, en su Basílica de Barcelona, nos ponemos en camino, todos -religiosas, religiosos y laicos mercedarios- para unir fuerzas y esperanzas en la tarea redentora. No sobra nadie; hacemos falta todos. Acecha la cautividad y queremos ser vigías redentores por los caminos apasionantes de hoy que la vida nos depara. Con María, Nuestra Madre de la Merced, en la mente, en el corazón y en la acción, acompañados por nuestro fundador, Pedro Nolasco, infatigable defensor de la libertad, nos proponemos ser mercedarios de un tiempo nuevo para ser la Merced de Dios para el mundo -glosando las palabras de Pablo referidas a Cristo- ayer, hoy y siempre. |